LOS DIEZMOS

El Diezmo en la luz del Antiguo y del Nuevo Pacto

Uno de los temas más debatidos dentro de la iglesia es el diezmo. Muchos creyentes sostienen que el diezmo pertenece únicamente a la ley de Moisés y que, al vivir bajo la gracia, ya no es aplicable. Sin embargo, un análisis completo de las Escrituras muestra que el principio del diezmo no se originó en la ley, sino que aparece antes de ella y continúa revelando verdades espirituales que alcanzan el Nuevo Pacto.

Este estudio examina el diezmo desde su origen, su desarrollo en la ley, su relación con el sacerdocio de Melquisedec y su aplicación en la vida del creyente bajo el Nuevo Pacto.

 

El diezmo antes de la ley

El primer argumento bíblico importante es que el diezmo no comenzó con la ley mosaica. La ley fue dada siglos después de que ya existiera el principio de honrar a Dios con las primicias.

En el relato de Caín y Abel vemos el principio de traer lo mejor a Dios:

“Abel también presentó una ofrenda: las primeras crías de sus ovejas, de lo mejor de su rebaño. El Señor aceptó a Abel y a su ofrenda.”

— Génesis 4:4 (NTV)

Aquí no se menciona la palabra diezmo, pero sí el principio fundamental: entregar a Dios lo primero y lo mejor.

Más adelante aparece claramente el diezmo en la vida de Abraham:

“Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, le llevó pan y vino. Melquisedec bendijo a Abram con la siguiente bendición… Y Abram le dio a Melquisedec una décima parte de todos los bienes que había recuperado.”

— Génesis 14:18-20 (NTV)

Este evento ocurrió aproximadamente cuatrocientos años antes de la ley de Moisés. Por lo tanto, el diezmo no puede considerarse únicamente una práctica legalista, sino un acto voluntario de honra y reconocimiento a Dios.

 

El significado espiritual del diezmo de Abraham

El contexto muestra que Abraham había ganado una batalla y recuperado bienes. Lo primero que hizo fue dar el diezmo. Esto revela tres principios:

  1. Reconocimiento de que la victoria vino de Dios
  2. Gratitud por la provisión divina
  3. Honra al sacerdocio establecido por Dios

Melquisedec bendice a Abraham después de recibir el diezmo:

“Bendito sea Abram por el Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo que derrotó a tus enemigos por ti.”

— Génesis 14:19-20 (NTV)

La bendición y el diezmo aparecen unidos en este pasaje.

 

El diezmo en la ley

Cuando la ley fue dada, el diezmo no fue creado, sino regulado y organizado. Dios estableció un sistema mediante el cual el pueblo sostenía el sacerdocio y el servicio del templo.

“Una décima parte de la producción de la tierra… pertenece al Señor y debe ser consagrada a él.”

— Levítico 27:30 (NTV)

La ley convirtió en mandato lo que anteriormente era un acto voluntario. Sin embargo, esto no elimina su existencia previa.

 

Melquisedec y el Nuevo Pacto

El Nuevo Testamento retoma la figura de Melquisedec para explicar el sacerdocio de Cristo:

“Este Melquisedec era rey de la ciudad de Salem y también sacerdote del Dios Altísimo… Abraham le dio la décima parte de todo lo que había capturado en batalla.”

— Hebreos 7:1-2 (NTV)

El texto continúa señalando que Melquisedec es figura del sacerdocio eterno:

“No tiene padre ni madre ni antepasados… permanece sacerdote para siempre, semejante al Hijo de Dios.”

— Hebreos 7:3 (NTV)

Esto es crucial porque Jesús es presentado como sacerdote según ese orden:

“Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.”

— Hebreos 5:6 (NTV)

El argumento es claro: si el diezmo fue dado a Melquisedec, y Cristo es sacerdote según ese orden, entonces el principio espiritual trasciende la ley.

 

El diezmo y la superioridad del sacerdocio

Hebreos explica que Abraham, el patriarca, dio el diezmo:

“Consideren entonces cuán grande era Melquisedec. Incluso Abraham, el gran patriarca de Israel, le dio la décima parte de lo que había capturado en batalla.”

— Hebreos 7:4 (NTV)

Luego afirma:

“Aquí los hombres mortales reciben los diezmos, pero allá los recibe uno de quien se declara que vive.”

— Hebreos 7:8 (NTV)

Esto sugiere que el acto del diezmo tiene una dimensión espiritual continua.

 

La bendición de Abraham y los creyentes

El Nuevo Testamento enseña que los creyentes participan de la bendición de Abraham:

“Por medio de Cristo Jesús, Dios ha bendecido a los gentiles con la misma bendición que prometió a Abraham.”

— Gálatas 3:14 (NTV)

Si compartimos la bendición de Abraham, también aprendemos de su ejemplo de fe y obediencia.

 

La fe y la obediencia

La Escritura enseña que la fe verdadera produce acciones:

“Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil.”

— Santiago 2:17 (NTV)

Abraham creyó y actuó. El diezmo fue una expresión visible de su fe.

 

La promesa de provisión

Uno de los textos más conocidos sobre el diezmo se encuentra en el libro de Malaquías:

“Traigan todos los diezmos al depósito del templo… Si lo hacen —dice el Señor de los Ejércitos Celestiales— les abriré las ventanas de los cielos. Derramaré una bendición tan grande que no tendrán suficiente espacio para guardarla.”

— Malaquías 3:10 (NTV)

El pasaje continúa:

“Sus cosechas serán abundantes, porque los protegeré de insectos y enfermedades.”

— Malaquías 3:11 (NTV)

El principio aquí es que Dios promete cuidado y provisión.

 

El diezmo como acto de confianza

Diezmar implica reconocer que Dios es la fuente. Jesús enseñó este principio al hablar del cuidado divino:

“Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás… y él les dará todo lo que necesiten.”

— Mateo 6:33 (NTV)

El diezmo se convierte en una forma práctica de poner a Dios en primer lugar.

 

El principio de dar en el Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento enfatiza el dar generoso:

“Recuerden esto: un agricultor que siembra solo unas cuantas semillas tendrá una cosecha pequeña. Pero el que siembra abundantemente tendrá una cosecha abundante.”

— 2 Corintios 9:6 (NTV)

También dice:

“Dios ama a la persona que da con alegría.”

— 2 Corintios 9:7 (NTV)

El diezmo no reemplaza este principio, sino que lo complementa.

 

Conclusión doctrinal

El análisis bíblico permite afirmar:

  1. El diezmo existía antes de la ley
  2. Abraham lo practicó voluntariamente
  3. La ley lo organizó, no lo originó
  4. Cristo es sacerdote según el orden de Melquisedec
  5. Los creyentes participan de la bendición de Abraham
  6. La fe verdadera produce obediencia
  7. Dios promete provisión y cuidado
  8. El dar es parte de la vida cristiana

 

Conclusión general

El diezmo no debe verse como una obligación legalista, sino como una expresión de fe, gratitud y reconocimiento de la provisión divina. Desde Abraham hasta el Nuevo Testamento, el principio permanece: honrar a Dios con lo primero y confiar en su cuidado.

Cuando el creyente da con fe, reconoce que todo proviene de Dios y se coloca voluntariamente bajo la bendición de su pacto.

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