CAPITULO 1 EL FUNDAMENTO

Capítulo 1
EL FUNDAMENTO

Introducción a la Fe
Fuerzas Contrarias a la Fe
La Fe y el Dominio Propio
La Fe verdadera vence la fe contraria o errada
La Fe y el ser humano
La cobertura espiritual de la fe
La Trinidad
El Hijo De Dios
El Edificio y la casa espiritual
Altura Longitud y Profundidad
Rhema y Logos
Interpretación Bíblica

      

Introducción a la Fe

La fe es una creencia determinada, personal y convincente en nuestras vidas, domina nuestros pensamientos y emociones controlando todo nuestro ser para bien si es enfocada de manera correcta o para mal si es incorrecta.

La fe es la única que puede comunicarse con el mundo espiritual. Ella al traspasar la barrera que separa los dos planos, toma consigo la parte del mundo espiritual que creamos y la materializa al mundo terrenal. Cuando es materializada juega a favor o en contra del creyente a través de las personas, animales, cosas y demás, eso depende en lo que hemos creído. Nace por el oír una palabra. Al ser procesada en el cerebro y recibida se almacena posteriormente en el corazón, una vez allí, logra formar en nuestras vidas lo que llamamos carácter. Una creencia forma nuestro carácter, nuestra personalidad, la manera como sentimos y vivimos en esta tierra.

Tiene el poder de crear el entorno que vemos. La genuina fe es aquella que cree con toda la mente y el corazón sin objeciones. Actúa poderosamente en el mundo espiritual. Por eso se debe tener cuidado cuando se usa de manera negativa en nuestras vidas y en la de nuestro entorno.

LA FE CREA

Al ser imagen y semejanza de Dios, tenemos la capacidad de crear cosas a través de la fe. Dios dijo: hágase la luz y la luz fue creada. Idear algo de la nada y materializarlo se llama fe. Dios desea que nosotros hagamos lo mismo, que actuemos, así como El actuó al crear todas las cosas. Por su Palabra fueron hechas todas las cosas.

LA FE Y LA CONFESION

Las palabras: Dios dijo. Son una expresión poderosa. Nuestras palabras con convicción pueden mover el mundo espiritual. Así como Dios lo hizo cuando nos creó. De la misma manera, Él nos dio esa capacidad a nosotros. Por eso la maldición es algo que no debe brotar de nuestras bocas si la hablamos con fe, de seguro tendrán cumplimiento. Por eso debemos ser cautelosos de como administramos lo que Dios nos da.

La Palabra de Dios nos enseña que si creemos de todo corazón que Jesús es nuestro Señor y lo confiesan nuestros labios entonces seremos salvos. ¡La fe y la confesión nos dan salvación! Es por eso que no debemos menospreciar ese poder y las palabras que brotan, como lo hacen los que ignoran a Jesucristo.

 

FUERZAS CONTRARIAS A LA FE

Nuestra fe tiene el poder de crear el entorno en el que vivimos. Lo que creemos influye en lo que experimentamos. Sin embargo, no estamos solos en el universo; también nos afectan las energías, pensamientos y creencias de otras personas.

Entonces surge una pregunta: ¿cómo podemos mantenernos firmes cuando otras creencias nos rodean o intentan influirnos?

La respuesta está en algo que Dios nos dio: la capacidad de gobernarnos a nosotros mismos, de tener dominio propio. Este dominio es la fuerza interior que nos permite decidir en qué creer, cómo actuar y hacia dónde dirigir nuestra vida.

La fe de Cristo es el ejemplo más alto de ese poder. Es una fe que no solo resiste, sino que reina por encima de todas las demás, porque proviene directamente de la verdad divina. Por eso, Jesús enseñó a orar diciendo:

“Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.”

Esa frase significa que el Reino de Dios —su gobierno espiritual— puede manifestarse aquí en la tierra cuando nuestra fe está alineada con la suya.

El dominio propio nos da la fuerza para mantenernos firmes en lo que creemos, incluso cuando enfrentamos dudas o presiones externas. Pero para que nuestra fe produzca buenos frutos, debemos asegurarnos de creer en lo verdadero. Si creemos en algo equivocado, podríamos causarnos sufrimiento a nosotros mismos y también a los que amamos.

Cuando ejercemos dominio propio desde la fe de Cristo, somos capaces de vencer ataques espirituales, de orar por los enfermos y ver milagros, incluso cuando ellos mismos dudan o han perdido la esperanza.

Esa misma fe también nos capacita para impactar y transformar una sociedad incrédula, porque su poder no depende de la fe de los demás, sino de la verdad que habita en Cristo.

La fe de Cristo siempre será superior y más fuerte que cualquier creencia contraria o errada, porque está basada en la Luz, la Verdad y el Amor del Creador.

La fe no es solo una creencia mental, sino una frecuencia de conexión espiritual entre el alma y la Luz del Creador. Es la energía que nos mantiene enlazados al flujo de la Luz Infinita, incluso cuando los sentidos muestran oscuridad.

Sin embargo, el universo es un campo de múltiples emanaciones (manifestaciones o expresiones de la Luz de Dios). Cada ser humano proyecta su propia vibración, su propio “universo interior”. Por eso, el alma que busca manifestar su fe enfrenta fuerzas contrarias, que se conocen como klipot (cáscaras o envolturas) que son energías que ocultan la Luz y buscan desconectarnos de la fuente divina.

El Dominio Propio o Dominio de sí mismo es la base que transmite la Luz y esta unida a una segunda fuerza, que es la fuerza del autocontrol. Es la capacidad del alma de alinear su voluntad con la Voluntad Divina. En términos bíblicos, significa elevar el deseo del “Yo inferior” (Nefesh) hacia el “Yo superior” (Neshamá). Esta alineación permite que la persona sea un canal limpio por el cual fluye la fe pura de Cristo —la fe mesiánica, que representa el equilibrio perfecto entre misericordia y justicia es llamada la conciencia de Tiferet, (Estos términos se explicaran a detalle en el Tema del Árbol de la Vida, mas adelante)

Cuando decimos “Venga a nosotros tu Reino”, invocamos la restauración del reino material. Este Reino no posee luz propia; solo refleja la Luz que recibe de Dios. Por eso, cuando la fe del alma está en armonía con el Creador, el Reino Celestial se manifiesta en la Tierra.

La fe de Cristo “reina sobre las demás creencias”. Esto significa que la conciencia mesiánica (la Luz de Tiferet) gobierna sobre las creencias parciales o distorsionadas (las klipot mentales) que dominan este mundo sin luz propia.

Cristo, representa la Belleza, que unifica el amor (Jesed) y el juicio (Guevurá). Esta Luz es capaz de reinar sobre las energías de Hod (la mente, el razonamiento humano) y Netzaj (la emoción, el deseo), que muchas veces se oponen entre sí.

Así, “la fe de Cristo” significa la conciencia equilibrada que no se deja vencer por la confusión mental ni por los impulsos del ego. Es la fe que domina sobre toda fe contraria porque proviene directamente del Árbol de la Vida, no del conocimiento dual del bien y del mal.

Los “ataques gnósticos o incredulidad”, alude a las fuerzas que provienen del Mundo de la acción, donde las klipot actúan con mayor intensidad. Estas fuerzas intentan bloquear el flujo entre el canal espiritual y la manifestación terrenal.

La fe pura, alineada con Cristo, restablece esa conexión y permite la sanación, liberación o transformación incluso de quienes están desconectados. La energía mesiánica de Cristo restituye la unión entre el cielo y la tierra, entre la fe y la materia.

Las “fuerzas contrarias a la fe” son las klipot mentales, emocionales y espirituales que intentan quebrar la conexión del alma con la Luz del Creador.
El Dominio Propio es la manifestación purificada, el poder de regir el propio mundo interior.
Y la Fe de Cristo es la conciencia superior que restaura el equilibrio, haciendo descender la Luz del Reino Celestial al Reino Terrenal.

Quien alcanza este nivel no solo cree: se convierte en un trono para la Luz, un canal a través del cual el Reino de los Cielos se manifiesta “en la tierra como en el cielo”.

La verdadera fe en Jesucristo nos da autoridad espiritual y fortaleza interior. La fe actúa como un escudo que protege nuestra vida, mientras que el dominio propio nos permite gobernar nuestros pensamientos, emociones y decisiones.

Cuando la fe está firme:

  • Nos protege de influencias negativas espirituales, mentales y emocionales.

  • Nos da control sobre nuestra vida y evita que otros invadan nuestro interior.

  • Nos permite vencer el temor, las mentiras y las creencias equivocadas.

  • Nos capacita para llevar vida, libertad y esperanza a otros.

Dios nos llama a ser luz, ayudando a las personas a salir del error y guiándolas hacia la vida abundante, mediante el poder transformador de la fe y el dominio propio.

La fe es una fuerza espiritual poderosa. Puede ser usada para bien o para mal, pero la fe verdadera, puesta en Jesucristo, es superior a cualquier otra y tiene el poder de dar salvación, protección y vida eterna (Hebreos 10:38-39).

La fe errada o contraria nace del odio, el temor o las creencias falsas, y puede traer destrucción, división y esclavitud espiritual. El enemigo la usa para atacar, engañar y debilitar a las personas. Sin embargo, la fe en Cristo actúa como un escudo que repele todo ataque y rompe toda atadura.

Cuando un creyente fortalece su fe y renueva su mente con la verdad de Dios:

  • Permanece firme y protegido espiritualmente.

  • Rechaza las mentiras y creencias equivocadas.

  • Vive en libertad, paz y seguridad.

  • Puede ayudar a otros a salir del error y encontrar vida en Dios.

Dios nos llama a confiar plenamente en Él, permitiendo que Su voluntad actúe en nuestras vidas. La fe verdadera no destruye, sino que salva, libera y guía hacia la vida abundante que Dios ha preparado.

Toda persona tiene fe, porque todos creen en algo, sea verdadero o no. La fe verdadera conduce a la vida, mientras que las creencias erradas alejan de la plenitud espiritual. Dios desea restaurar al ser humano por medio de la fe en Cristo, para que viva conforme a Su propósito.

Nuestra vida está determinada por lo que creemos. Cuando creemos correctamente, experimentamos transformación, libertad y vida espiritual plena.

La fe no aparece de un momento a otro; crece como una semilla y se fortalece con una vida diaria de confianza en Dios. No todo lo que decimos se cumple, porque la fe verdadera nace cuando el corazón, la mente y lo que decimos están alineados. Y aunque estuvieran alineados, tendríamos que rendirnos al tiempo de la voluntad divina. Por eso, tanto la duda como la incredulidad bloquean el cumplimiento de las promesas, porque al no soltar el control, intentamos forzar con nuestras propias fuerzas el cumplimiento de aquello que hemos pedido a Dios, en lugar de confiar plenamente en Su tiempo y en Su voluntad. Mientras que la fe genuina produce paz, seguridad y confianza.

La fe en Jesucristo nos da tranquilidad aun en medio de las dificultades. La preocupación constante revela una fe aun en formación, pero la humildad y el reconocimiento de nuestra necesidad de Dios permiten que nuestra fe crezca y sea restaurada.

La fe también influye en nuestro entorno. Una persona que vive en fe puede bendecir a otros a través de su oración, su ejemplo y su vida espiritual. Por eso es importante rodearse de personas que fortalezcan nuestra fe y crecimiento.

Asimismo, debemos cuidar nuestro corazón, nuestras relaciones y nuestras decisiones, permitiendo que Dios gobierne nuestra vida. La fe verdadera no solo cree, sino que actúa, busca, persevera y obedece.


Conclusión

La fe debe fortalecerse continuamente mediante la búsqueda de Dios y la práctica diaria. No es solo creer, sino vivir conforme a esa creencia.

La fe verdadera:

  • Confía en Dios aun sin ver resultados inmediatos.

  • Produce paz y seguridad interior.

  • Crece con el tiempo y la obediencia.

  • Transforma la vida y el entorno.

Dios desea eliminar la fe errada y llevarnos a una fe viva, firme y transformadora, que nos permita vivir en libertad, propósito y plenitud.

LA TRINIDAD Y LA SALVACIÓN

¿Qué es la Trinidad?

La palabra Trinidad significa:

  • Tri = tres
  • Unidad = uno

Es decir: Tres en completa unidad

Dios es:

  • El Padre
  • El Hijo (Jesús)
  • El Espíritu Santo

Pero no son tres dioses.

Son un solo Dios verdadero.

 

Cómo pueden ser tres y uno al mismo tiempo

Cada uno es distinto, pero no están separados.

  • El Padre no es el Hijo
  • El Hijo no es el Espíritu Santo
  • El Espíritu Santo no es el Padre

Pero los tres son el mismo Dios.

Ejemplo sencillo:

Como una familia es una, pero está formada por varias personas.

La diferencia es que en Dios no hay división.

Ellos tienen:

  • el mismo pensamiento
  • el mismo propósito
  • la misma esencia

Jesús lo explicó en Juan 17:21

«Así como tú, Padre, estás en mí y yo en ti.

 

Dios es uno, pero en unidad perfecta

En la Biblia, cuando habla de que Dios es uno, usa una palabra que significa unidad compuesta, no uno solitario.

Es como:

1 × 1 × 1 = 1

El Padre es Dios

El Hijo es Dios

El Espíritu Santo es Dios

Pero juntos son un solo Dios.

 

Desde el principio vemos la Trinidad

En Génesis 1:26 Dios dijo:

«Hagamos al hombre a nuestra imagen»

No dijo «haré», dijo «hagamos».

Ahí vemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo trabajando juntos.

 

¿Por qué Dios creó al ser humano?

Dios quiso tener hijos que fueran semejantes a Él.

Nos creó a Su imagen y semejanza.

Esto significa que fuimos creados para:

  • tener relación con Dios
  • reflejar Su carácter
  • vivir en comunión con Él

Al principio, el ser humano vivía en perfecta relación con Dios.

No había muerte

No había pecado

No había separación

 

Qué pasó cuando el hombre pecó

El ser humano desobedeció a Dios.

Como resultado:

  • entró el pecado
  • entró la muerte
  • el hombre se separó de Dios

El ser humano perdió:

  • su comunión con Dios
  • su autoridad espiritual
  • su herencia divina

Se convirtió en esclavo del pecado.

 

La promesa de Dios: enviar un Salvador

Dios, por amor, prometió enviar a alguien para salvar al ser humano.

Ese Salvador sería:

  • sin pecado
  • con la vida de Dios
  • capaz de vencer la muerte

Ese Salvador es Jesús.

 

¿Por qué Jesús tuvo que morir?

Porque el pecado produce muerte.

Jesús vino a:

  • pagar el precio del pecado
  • restaurar nuestra relación con Dios
  • devolvernos la vida espiritual

Jesús tomó nuestro lugar.

Murió por nosotros, pero resucitó.

Jesús venció:

  • el pecado
  • la muerte
  • y el poder del enemigo
  • Qué ocurrió gracias a Jesús

Gracias a Jesús:

  • ya no estamos separados de Dios
  • ahora podemos ser hijos de Dios
  • tenemos vida espiritual
  • tenemos acceso a la presencia de Dios

Jesús restauró lo que se había perdido.

Ahora tenemos:

  • identidad
  • propósito
  • salvación
 
  • El Espíritu Santo: Dios viviendo en nosotros

Jesús envió al Espíritu Santo para:

  • guiarnos
  • enseñarnos
  • fortalecernos
  • ayudarnos a vivir como hijos de Dios

El Espíritu Santo es Dios viviendo dentro del creyente.

 

Qué significa que Jesús es nuestro Salvador

Jesús nos salvó de:

  • la muerte espiritual
  • el pecado
  • la separación de Dios

Y nos dio:

  • vida eterna
  • identidad como hijos
  • acceso a Dios
  • Verdad clave del discipulado

Dios es uno, pero existe en tres personas:

Padre

Hijo

Espíritu Santo

Trabajan juntos en perfecta unidad.

El Padre nos creó

El Hijo nos salvó

El Espíritu Santo nos guía

Todo esto por amor.

 

Conclusión 

Dios no solo te creó.

Dios quiso que fueras Su hijo.

Jesús vino a restaurar tu relación con el Padre.

Y el Espíritu Santo está contigo para guiarte.

No eres un accidente.

Eres parte del plan eterno de Dios.

EL EDIFICIO Y LA CASA ESPIRITUAL

Somos edificios de Dios construidos con piedras vivas. De la misma manera como se hace un edificio, somos edificados para Gloria de Dios Padre. Para construir un edificio es necesario tener una base sólida y sobre él edificar. Nuestra base sólida debe ser Jesús y la confianza en El, luego la edificación somos nosotros creciendo piso a piso hasta alcanzar su estatura. La de un ser humano completo y espiritual.

1 Cor 3:9; 1 Cor 3:11; Col 2:7; Mat 7:24-27; 1 Tes 5:11.

Edificar es subir piso a piso una estructura. De la misma manera debemos ayudarnos y ayudar a edificar a otros para el progreso del Reino de Dios.

LAS MEDIDAS DE DIOS

ANCHURA LONGITUD, PROFUNDIDAD Y ALTURA

La razón por la que somos edificados y arraigados es por la sencilla razón que Dios desea que seamos igual a Cristo en carácter. Estas medidas se refieren a Cristo mismo. Al ser revelado Jesús en nosotros, podemos entender el profundo amor de Dios en todas sus dimensiones posibles. Efesios 3:18.

EL RHEMA Y EL LOGOS ¿Qué ES?

El nuevo testamento distingue en griego a: Logos y Rhema, ambas significan en el español: Palabra.

Logos es aquella interpretación objetiva que tenemos de la Palabra, es viva en sí misma.

Rhema es aquella palabra revelada subjetiva del Logos para nuestras vidas desde un enfoque íntimo. Es ese tesoro personal, que brota del Logos.

Los rhemas de Dios nos alientan y nos dan ánimo. Son las respuestas de Dios implícitas para nosotros en nuestro espíritu.

Para familiarizarnos con el Rhema es necesario conocer el Logos, llenar nuestra mente y corazón con la biblia. Así Dios podrá usar nuestro conocimiento y provisión para hablarnos. El Espíritu Santo toma la palabra=logos y la vivifica en nuestros corazones por la palabra = rhema. La palabra de Dios es Espíritu y es vida. Ella está viva, es decir, iremos siendo transformados en la misma imagen de nuestro Señor Jesucristo a través de su palabra.

Efe 5:26 rhema; 1 Cor 12:8 logos; Jer 1:1 rhema; Jer 1:2 logos; 1 Ped 1:23 logos; 1 Ped 1:25 rhema; Juan 15:3 logos; 2 Tim 4:2; Rom 10:17 rhema; Lucas 9:44 logos; Lucas 9:45 rhema; Lucas 5:5 rhema; Juan 4:50 logos; Juan 1:1 logos.

LA CORRECTA INTERPRETACIÓN BÍBLICA

Podemos interpretar la biblia de distintas maneras, pero solo uno lo puede hacer de la manera correcta. El Espíritu Santo.

Existen dos maneras de interpretar la biblia:

Literal y espiritual

Para poder interpretarla correctamente debemos irnos al contexto de como fue escrita. Si le ponemos nuestra idea basada en nuestras vivencias, sentimientos o tiempo moderno, le vamos a quitar la esencia debida. Por eso debemos estudiar la palabra de Dios basado en los sentimientos, tiempo y circunstancias del escritor y no del lector.

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